CRÓNICA DE LO POSIBLE
Estoy ahora en la tierra de un gran país latino llamado Argentina, quien en este momento está triste ante el empate cero a cero contra Perú en la eliminatoria al mundial Rusia 2018. Desde que llegué el día 03 de octubre en la madrugada lo que he hecho es observar. El resultado hasta ahora obtenido es el siguiente:
La vida por la llamada avenida de los Incas es totalmente relajada, los ciudadanos se conducen sin prisa, existen muchos negocios donde puedes comprar sin estrés, no hay apilamiento de personas, ni puestos en la calle que invaden tu espacio público.
Los comercios de frutas, verduras y hortalizas organizan en la entrada de los mismos las mercancías de manera vertical, que aparte de constituir una facilidad para el cliente, también contribuye con una hermosa estética. La entrada de los negocios prácticamente "invita" al cliente a comprar, el orden, aseo y la estética así lo permite. La no existencia de los buhoneros en la calle da una paz al ambiente. A mi mente llegó la imagen de los alrededores de Pérez Bonalde en Caracas y me azotó un sentimiento dual: tristeza y arrechera conjunta.
Además de lo descrito, me llama la atención del servicio de transporte que no es tipo Venezuela donde cada microbus es conducido por una persona quien se cree con el derecho de maltratar al pasajero. Los buses se paran exclusivamente en las paradas, los pasajeros se obligan a tomar los buses en las paradas respectivas y NO donde a ellos les venga en ganas, contribuyendo con esto al caos.
Me alegré cuando en algún momento de los paseos observé a unos jóvenes detenerse súbitamente cuando la luz del semáforo cambió de verde a roja, y esperaron a que cambiara de nuevo para pasar la calle, ¿qué la juventud en Venezuela haga esto?, o mejor aún ¿qué los ciudadanos en Venezuela hagan esto?, que bueno y maravilloso sería.
La pregunta que me hago, ¿por´qué es tan difícil hacerlo en mi país?, en realidad no conozco la respuesta, pero, si creo que los responsables en la conducción del país deberían mirar un poco más allá, y no esgrimir más la tesis de que "así somos...y tal", porque el orden, la disciplina y la belleza ciudadana no tienen nacionalidad.
En Venezuela estamos sumidos en una atmósfera catastrófica, donde nadie, absolutamente nadie, hace algo en pro de tener un mejor país, tal y como he descrito en mi pequeña crónica de lo posible.
La vida por la llamada avenida de los Incas es totalmente relajada, los ciudadanos se conducen sin prisa, existen muchos negocios donde puedes comprar sin estrés, no hay apilamiento de personas, ni puestos en la calle que invaden tu espacio público.
Los comercios de frutas, verduras y hortalizas organizan en la entrada de los mismos las mercancías de manera vertical, que aparte de constituir una facilidad para el cliente, también contribuye con una hermosa estética. La entrada de los negocios prácticamente "invita" al cliente a comprar, el orden, aseo y la estética así lo permite. La no existencia de los buhoneros en la calle da una paz al ambiente. A mi mente llegó la imagen de los alrededores de Pérez Bonalde en Caracas y me azotó un sentimiento dual: tristeza y arrechera conjunta.
Además de lo descrito, me llama la atención del servicio de transporte que no es tipo Venezuela donde cada microbus es conducido por una persona quien se cree con el derecho de maltratar al pasajero. Los buses se paran exclusivamente en las paradas, los pasajeros se obligan a tomar los buses en las paradas respectivas y NO donde a ellos les venga en ganas, contribuyendo con esto al caos.
Me alegré cuando en algún momento de los paseos observé a unos jóvenes detenerse súbitamente cuando la luz del semáforo cambió de verde a roja, y esperaron a que cambiara de nuevo para pasar la calle, ¿qué la juventud en Venezuela haga esto?, o mejor aún ¿qué los ciudadanos en Venezuela hagan esto?, que bueno y maravilloso sería.
La pregunta que me hago, ¿por´qué es tan difícil hacerlo en mi país?, en realidad no conozco la respuesta, pero, si creo que los responsables en la conducción del país deberían mirar un poco más allá, y no esgrimir más la tesis de que "así somos...y tal", porque el orden, la disciplina y la belleza ciudadana no tienen nacionalidad.
En Venezuela estamos sumidos en una atmósfera catastrófica, donde nadie, absolutamente nadie, hace algo en pro de tener un mejor país, tal y como he descrito en mi pequeña crónica de lo posible.
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